lunes, 27 de agosto de 2018

SI PADECES OBESIDAD NO ERES CULPABLE DE ELLO, ERA PRÁCTICAMENTE INEVITABLE QUE ENFERMARAS

La obesidad es incurable, pero tratable



Déjame que te cuente, cuando estudiaba el Grado de Nutrición Humana y Dietética en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España) era frecuente ver entre los alumnos a individuos afectados por sobrepeso u obesidad. En la misma facultad se impartía el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFD), pero entre los chicos y chicas que lo cursaban no se observaba esta problemática, ¿por qué crees que ocurría esto?

En otros artículos te he hablado de la obesidad como de una enfermedad crónica (1) que se puede tratar, pero que difícilmente se puede curar. Lo cruel de esta enfermedad consiste precisamente en que el cuerpo parece tender a volver a alcanzar el máximo peso que logró alguna vez. Es habitual que una persona que se someta repetidas veces a dietas de adelgazamiento a lo largo de toda su vida no logre mantener el peso que desea. Por este motivo, podemos hablar de un fracaso generalizado de las dietas de adelgazamiento a medio y largo plazo. Si padeces esta enfermedad sabrás de qué te hablo, ya que habrás experimentado más de una vez un gran sentimiento de frustración al comprobar esto que te comento. Quizás hayas achacado este fracaso a la falta de adherencia a tu dieta, a que la abandonaste o a que no la mantuviste suficiente tiempo, pero no es así, o desde luego no es solo eso, de hecho serías injusto contigo mismo si lo pensaras o si te fustigaras por ello.


La obesidad es generada y estigmatizada por la propia sociedad en la que vivimos


Antes de continuar me gustaría dejarte algo claro, “el mejor tratamiento para la obesidad es su prevención, es decir, es no desarrollarla jamás y en especial evitarla durante la infancia (2). Y esto, en una sociedad obesogénica como la nuestra, puede resultar complicado para un gran número de personas, ya que el desarrollo de la obesidad no solo depende de uno mismo, de hecho podemos llegar a ser poco determinantes en su origen. Sin tratar de hacer una revisión de todos los factores que influyen en la obesidad, te presento aquí algunas de las causas que justifican que podamos desarrollarla antes siquiera de que lleguemos a tener ningún control sobre nuestra propia dieta, te adjunto algunos enlaces a distintas publicaciones para que compruebes las líneas de investigación que están abiertas, así como algunas de las certezas que ya tenemos sobre los factores determinantes del desarrollo del exceso de adiposidad.


Factores que pueden predisponer al desarrollo de la obesidad
  • El origen étnico y la predisposición genética, así como factores ambientales y epigenéticos (3).
  • El peso de los progenitores, si uno de ellos es obeso, existen muchas probabilidades y si lo son los dos, estas son mucho más elevadas (4).
  • El tabaquismo materno (5), (6).
  • El estrés de la madre (7).
  • Aumento excesivo de peso de la madre durante el embarazo (8).
  • El tipo de parto; si es por cesárea, puede aumentar las posibilidades de desarrollar obesidad, aunque esto es todavía bastante controvertido (9).
  • La sobrenutrición fetal y, por tanto, el alto peso al nacer (10).
  • El incremento rápido del peso en los primeros meses de vida (11).
  • El tiempo que dura la lactancia materna, a mayor tiempo menor riesgo (12).
  • Uso de fórmulas de leche maternizadas (suelen tener muchas proteínas) (13).
  • Introducción de la alimentación complementaria (cualquier alimento distinto a la leche) antes de los cuatro meses (14).
  • Si en la alimentación complementaria se introdujeron alimentos insanos como, por ejemplo, cereales dextrinados, potitos u otros alimentos ultraprocesados ricos en azúcares de esos que llaman “especialmente diseñados para la alimentación infantil”; o la alimentación en los primeros años de vida tuvo presencia de otros alimentos obesogénicos. Debemos tener en cuenta que desarrollar sobrepeso en los primeros años es un factor importante que predispone a ser obesos el resto de la vida (15).
  • Dietas hiperprotéicas antes del tercer año de vida (16), (17).
  • Obligar al niño a comer a pesar de que este no tenga hambre y manifieste una negativa clara a la ingesta (18).
  • El uso de alimentos obesogénicos como recompensa (19), ya sabes: “si te lo comes todo, te doy un huevo de chocolate con un juguete dentro” (no quiero nombrar marcas).
  • El maltrato infantil (20) o el abuso (21), (22)
  • Vivir en un hogar monoparental (23).
  • Las características socioeconómicas del hogar de nacimiento (24), (25), y es que desgraciadamente la pobreza es un fuerte factor predictivo.
  • El nivel cultural de los progenitores, esto es una constante de muchos de los estudios a los que te he hecho referencia y que como dice mi estimado Dr. Federico Soriguer, "La causa más importante de la obesidad, sin duda alguna y más que ninguna cuestión que tenga que ver con los genes, es la incultura y la falta de estudios" (26).
  • Comer mientras se ve la televisión (27).
  • Exposición al marketing alimentario de alimentos y bebidas poco saludables (28).
  • Las horas que el menor pase viendo la televisión (29).
  • El uso de determinados fármacos como los antibióticos durante los primeros años de vida (30) debido a las alteraciones que producen en la microbiota intestinal.
  • Las horas insuficientes de sueño (31).

Y todo esto, como te digo, antes de ser capaces de decidir qué nos llevamos a la boca.

Por tanto, creo que podemos afirmar con cierta contundencia que la obesidad, lejos de ser responsabilidad del propio individuo que la padece, es una consecuencia lógica y casi inevitable de nuestro sistema social y de nuestros estilos de vida; y que si perder peso es difícil, mantener el peso alcanzado es aún mucho más complicado. Dicho esto, ¡no te desanimes!, porque aunque padezcas de obesidad, puedes controlarla con un tratamiento eficaz y mejorar con ello tu calidad y esperanza de vida.



Tratamiento eficaz de la obesidad

En este apartado no te voy a dar recetas mágicas, ni te voy a hablar de dietas milagros o de productos prodigiosos, ni tampoco te voy a recomendar que compres “mi libro” (no tengo ningún libro publicado), o que vengas a mi consulta (ya no paso consulta), en este apartado te voy a ser completamente sincero; el abordaje de la obesidad pasa necesariamente por cuatro ejes fundamentales: la alimentación, la salud emocional y la promoción de la actividad física junto a la disminución de las actividades sedentarias. Por ello, te animo a buscar a un equipo interdisciplinar para que te ayude a su control, un equipo que cuente preferentemente con un buen dietista-nutricionista, un psicólogo y un graduado en ciencias de la actividad física y del deporte.


 1. La alimentación

La alimentación en el tratamiento de la obesidad, no solo pasa por reducir el aporte energético, se deben modificar hábitos y actitudes frente a la misma. Esta debes basarla en alimentos de origen vegetal, en la que moderes la ingesta de alimentos de origen animal y evites el consumo de alimentos ultraprocesados y del alcohol. Pero además, la alimentación debe volver a ritualizarse: comer sentados y en compañía, disfrutando de una charla tranquila; evitar cualquier distracción que provenga de una pantalla, centrando nuestra atención en la comida; dedicar tiempo a la cocina y disfrutar de ella son algunos de los aspectos básicos que debemos potenciar.


2. Las emociones

A veces comemos para olvidar, parece que los problemas de la vida son menores cuando experimentamos algún tipo de placer que nos lo hagan más llevaderos y, claro, comer es algo sumamente agradable, especialmente si tiene “doble de chocolate” y un “buen relleno de nata”. No podemos culpabilizarnos por ello, en cierto modo estamos condicionados; todos los momentos agradables de nuestra vida como han sido las fiestas de cumpleaños, los días festivos, las salidas con los amigos a la playa o al campo, nuestra asistencia a bodas o bautizos se han rodeado siempre de dulces, patatas chips, helados y "cervecitas", por tanto, es lógico que cuando nos sintamos mal recurramos a aquello que asociamos con un mayor bienestar. Tenemos que trabajar nuestras emociones para que los sentimientos de frustración, desasosiego, miedo, pena, preocupación, tristeza o excitación no los canalicemos a través de la comida. Sí, no eres el único, todos hemos crecido en una sociedad que ha promovido la obesidad ya desde las primeras papillas azucaradas, de esas que son "de venta en farmacias”.


3. El sedentarismo

Vivimos en una sociedad sedentaria: “mucha pantalla y poca caminata”. El precio de nuestros actuales hábitos de vida no solo se manifiesta con una mayor dificultad en mantener un peso saludable, el sedentarismo afecta a la masa muscular, a una mayor debilidad ósea, un peor estado del sistema inmunitario y a una peor circulación sanguínea, entre otros inconvenientes para nuestra salud. Que una persona vaya al gimnasio no indica que a la vez no sea sedentaria. Ir cuatro horas semanales al "gym" no contrarresta las cuatro horas diarias que nos pasamos frente al televisor viendo series y películas.

Según datos de la OMS, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo en la mortalidad a nivel mundial, alcanzando al 6% de las muertes y estimándose que es la causa principal de aproximadamente un 21%-25% de los cánceres de mama y de colon y del 27% de los casos de diabetes.

Prevenir o tratar la obesidad, ciertos tipos de cánceres, la diabetes tipo 2, pero también las enfermedades del corazón, los accidentes cerebrovasculares, la depresión o la osteoporosis, entre otras enfermedades, está en nuestras manos, o mejor dicho, está en “nuestros pies”.


4. La actividad física

Definimos la actividad física como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que implique un gasto energético. Para combatir la obesidad te propongo actuar a tres niveles.

a) Aumenta la actividad física no estructurada. Esta incluye las actividades cotidianas de la vida diaria: caminar para ir a la facultad o al trabajo, subir las escaleras de casa en lugar de coger el ascensor o realizar tareas del hogar como barrer, limpiar el polvo y lavar la vajilla.

b) Aumenta la actividad física, estructurada o ejercicio físico. Son las actividades físicas que tienen como objetivo mejorar la condición física: practicar regularmente gimnasia, montar en bicicleta, ir a la piscina a nadar o hacer senderismo los fines de semana con toda la familia.

c) Práctica deporte. El deporte es la práctica de ejercicio físico de forma reglada. Su finalidad no es competitiva, sino recreativa: fútbol, baloncesto, tenis, etc. Su práctica regular requiere que tengas cierta preparación previa para que evites lesiones que puedan desanimarte y te ahorres más de una visita dolorosa al "fisio".

En función de tu edad, salud previa y preparación física, podrás, de una forma progresiva y con el debido asesoramiento técnico, aumentar tus tres niveles de actividad. Por experiencia te digo que solo podrás aspirar a tener éxito si consigues “engancharte” al “movimiento” de un modo permanente, en caso contrario, solo con la dieta, en la mayoría de los casos no será suficiente, incluso aunque tu grado de adherencia a la misma sea elevado, ¿recuerdas ahora la pregunta que te formulaba en el primer párrafo?




José María Capitán
dietista-nutricionista




Este artículo ha sido traducido al italiano por Vicenzo Neglia para su blog 



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