sábado, 12 de agosto de 2023

LA FÓRMULA MÁGICA: EL PLATO DE HARVARD

y, sin embargo, la Tierra se mueve


 


¿Te imaginas que alguien te dijera que a través de una fórmula matemática sencilla pudieras resolver cualquier problema que se te pueda plantear? Es decir, que una misma fórmula sirviera para resolver cualquier tipo de ecuación, el área de cualquier figura geométrica o el cálculo de la energía que proporciona cualquier nutriente, ¡todo esto y más con una única fórmula! Podrías llegar a sentirte feliz y aliviado, pues a partir de ese momento ya no tendrías que esforzarte con las matemáticas, todo sería muy sencillo, incluso los matemáticos ya no serían tan necesarios, pues todos los problemas se resolverían de la misma manera. Los más beneficiados, sin duda, serían los niños, que de un plumazo, no tendrían que aprender más matemáticas en el colegio, solo las necesarias para aplicar esta fórmula mágica. 

Cualquier profesional de las matemáticas sabría que esta fórmula no existe y que se trataría solo de una broma. Pero, ¿y si de una forma machacona se utilizaran todos los medios de comunicación disponibles, y especialmente las RRSS, para repetir una y otra vez, cada día del año, que esta fórmula es lo único que se necesita saber para resolver cualquier problema matemático? Es posible que el resultado final fuera que nadie llegara a cuestionar algo que todo el mundo afirma y da por bueno, y es que ya se sabe que, "una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad".

La prestigiosa Universidad de Harvard se ha ganado a pulso el adjetivo que le suele acompañar, ya que sus estudios y publicaciones han supuesto un gran avance en el campo de la investigación y del saber, y esto es algo incuestionable. Pero, ¿qué pasaría, si se hubiera equivocado en algún trabajo que hubiera difundido masivamente al conjunto de la población? Seguramente, el gran público, sabedor del prestigio de Harvard, puede que aceptara, sin más, el trabajo de la Universidad. Incluso, muchos ni tan siquiera llegaran a echar en falta que ese trabajo no se apoyara en algún tipo de investigación previa que explicaran la idoneidad de su propuesta. Pero vayamos un paso más allá, ¿qué pasaría, si alguien no afiliado a ninguna prestigiosa universidad, se percatara del error y de pronto alzara su voz, en contra del consenso general, para decir que la prestigiosa Universidad de Harvard se ha equivocado? Muchos se sonreirían, claro, ¿quién se atrevería a cuestionar a tal Institución?, otros muchos pueden que compartieran el mismo punto de vista y entendieran el error, pero probablemente se callaran, después de todo es Harvard, y seguro que rebuscando cabría la esperanza de que hubiera alguna explicación alternativa que justificara tal metedura de pata. Algún  otro, en cambio, se indignaría y se enfadaría por haber puesto en duda a esta Universidad, lo podría ver como un atrevimiento, como un ataque a la propia ciencia, ¿quién se aventuraría a semejante osadía? De hecho, si esto ocurriera, si alguien se atreviera a nadar a contracorriente, de seguro, que habría quien estaría dispuesto a acercar brasas ardiendo a los pies de quien expusiera tal descabellada idea.

Deja que te siga contando, ¡esto te va a encantar! Imagínate que te digo que existe una fórmula para confeccionar todas tus comidas y que, siguiéndola, vas a poder disfrutar de una alimentación saludable que va a favorecer tu salud y te va a ayudar a prevenir un gran número de enfermedades. Esto no es ni más ni menos que el objetivo de la educación nutricional, por tanto, dar con esta fórmula sería toda una revolución, y muchos se sentirían felices y aliviados, pues a partir de ese momento ya no tendrían que esforzarse por saber más de alimentación. Este nuevo conocimiento, sin duda, se difundiría masivamente, ya que todo lo que tendríamos que conocer se condensaría en la aplicación de esa fórmula mágica. Por fin, los profesionales de la nutrición, al igual que pasaba antes con los matemáticos, no serían tan necesarios, puesto que una fórmula tan sencilla la podría difundir cualquiera, sin que se necesitaran conocimientos previos de nutrición. Así podríamos ver publicada esta fórmula, lo mismo en una revista local, que en otra del corazón, y cualquier instagramer podría alardear de enseñarte, con ese método infalible, a comer bien.

Pero, lo siento, no hay una fórmula matemática que resuelva todos los problemas que se puedan dar, y los matemáticos siguen siendo muy necesarios. Las matemáticas son complejas y tienen miles de matices, por tanto, como se suele decir “mi gozo en un pozo”. Si cayéramos en el error y, de buena fe, enseñáramos a nuestros niños matemáticas utilizando esa falsa fórmula, podríamos comprometer la base de sus conocimientos y, probablemente, impediríamos que progresaran en su aprendizaje de forma adecuada, y los adultos, por otro lado, nos convertiríamos en verdaderos ignorantes de esta ciencia.



Lo siento de nuevo, tampoco hay una fórmula mágica que condense la complejidad de la alimentación humana en un esquema que represente un único plato como el Plato de Harvard. Los alimentos tienen distinta composición nutricional y esto se refleja en que los volúmenes de alimentos que proporcionan una misma cantidad de nutrientes ocupan volúmenes muy variados. Por ponerte un ejemplo sencillo de comprobar por cualquier profesional de la nutrición: cualquier combinación elaborada según el esquema de Harvard, o bien puede que nos dé una dieta normoproteica, pero entonces sería hipoenergética, o bien puede llegar a darnos una dieta normoenergética, pero entonces sería hiperprotéica, todo ello en función del tamaño del plato. Y esto sería solo una de entre otras muchas deficiencias que tendría nuestra alimentación con la aplicación del método de Harvard. Las guías alimentarias tienen que basarse en alimentos para que la población pueda comprender adecuadamente los consejos que desde los organismos competentes se proponen; pero las cantidades de alimentos que se aconsejen consumir deben ser una extrapolación de las recomendaciones sobre la ingesta recomendada de nutrientes que proponen entidades como la EFSA o la OMS, las máximas autoridades en esta materia. 

Las matemáticas y la nutrición son complejas y deben ser enseñadas de forma correcta para construir una buena base que permita al individuo progresar adecuadamente, y en el caso de la nutrición, para que pueda construir una buena salud.

El peligro del Plato de Harvard radica en que aconseja a la población que todas sus principales comidas, las de cada día, las de cada semana, las de cada mes, las de cada año, lo haga con una proporción de alimentos que no da respuesta a las recomendaciones de la ingesta de nutrientes que proponen los organismos competentes, y esto puede tener consecuencia para la salud de las personas y, en especial, para la salud de los niños. Consecuencias que serían imprevisibles, si es que realmente la población llevara a la práctica los consejos de Harvard.

Y aunque esto no les guste a muchos, el Plato de Harvard propicia el descrédito de aquellos que lo usan como una “fórmula mágica”, sin tener en cuenta que no existen tales fórmulas.

Quiero agradecer a todos aquellos que se han posicionado públicamente en defensa de una alimentación saludable y, por tanto, han cuestionado, al igual que yo, el uso indiscriminado del Plato de Harvard. De la misma manera, tengo que decir, que sigo echando en falta que otros divulgadores y compañeros de profesión, que en privado concuerdan completamente con estos planteamientos, y que saben de la importancia de transmitir una información veraz a la población, todavía no se hayan posicionado de una forma clara frente a la galería.

He escrito muchas veces en este blog sobre lo nefasto de la guía del “Plato de Harvard” y esto ya me ha costado más de un disgusto, nadar a contracorriente es agotador y siempre hay alguien que está dispuesto a acercarte brasas ardiendo a los pies, pero tengamos algo claro: “y,  sin embargo, la Tierra se mueve”.

 

José María Capitán

Dietista-nutricionista


Los artículos y opiniones que escribo en este blog no representan a ninguna institución con la que pueda tener relación alguna, y solo responden a mis reflexiones personales y a la necesidad de transmitir aquellos conocimientos que considero son beneficiosos para la sociedad, siempre desde un profundo sentido ético-profesional y, por tanto, soy el único responsable de lo que expongo.


 

 POSTS QUE TAMBIÉN PODRÍAN INTERESARLES

 

¿CÓMO DEBE ELABORARSE UNA GUÍA ALIMENTARIA PRÁCTICA Y BASADA EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICA?

Algunas de las guías más empleadas no cumplen con los requisitos mínimos exigibles: Plato de Harvard, Nutriplato, Plato de Alimentación Saludable…

 AESAN ELIGE EL MODELO DEL PLATO DE HARVARD PARA ELABORAR EL PLATO DE ALIMENTACIÓN SALUDABLE

¿Es mejor el Plato de Alimentación Saludable que el Plato de Harvard?

LE SACAMOS LOS COLORES AL PLATO DE HARVARD, EN CONCRETO, TRES COLORES

¿Te lo vas a callar? 

 EXPLICACIÓN EXPRÉS DEL MÉTODO DE LOS TRES COLORES (3COME), UNA GUÍA ALIMENTARIA COMPLETA

Come con tres colores en cada comida 

EL PLATO DE HARVARD EN TELA DE JUICIO

¿De verdad es una gran herramienta de salud pública?

¿POR QUÉ ES UN GRAVE ERROR USAR “EL PLATO DE HARVARD” O, PEOR AÚN, “EL NUTRIPLATO”?

Inadecuado para la consulta, inapropiado en educación alimentaria

 

Salud, Solidaridad y Sostenibilidad   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si deseas contactar conmigo rellena este formulario o escríbeme a jmcapitan@gmail.com