viernes, 9 de junio de 2017

AUTOINTRUSISMO PROFESIONAL

Lo que podemos aconsejar y lo que no en las RR. SS. y en la pescadería del barrio sobre alimentación o como no desprestigiar la profesión.


En el post anterior hablaba sobre el intrusismo profesional, es decir, sobre la cantidad de profesionales sanitarios y parasanitarios, así como de otros profesionales no sanitarios que se atreven a dar consejos acerca de cómo debemos llevar nuestra alimentación sin contar, en la mayoría de los casos, con suficiente formación para hacerlo. Una de las características comunes de todos ellos es que de una forma u otra, como es lógico, cobran por su trabajo.

Un caso, en cierta manera peor aún, se da con el autointrusismo profesional. Es decir, cuando es el propio dietista o dietista-nutricionista el que boicotea su propio trabajo, haciendo que este pierda valor ante el mercado, dando un servicio de mala calidad al paciente/alumno y afectando negativamente al conjunto del colectivo.

Un caso que puede ilustrar lo que quiero decir es el que se da en la consulta del médico. A casi nadie le cabe en la cabeza que un médico nos pueda resolver un problema de salud fuera de su consultorio y que además no nos cobrase por su trabajo. En realidad, he puesto un mal ejemplo, porque precisamente el médico endocrino es junto con el dietista-nutricionista, los únicos facultativos capacitados legalmente para poder ejercer como tales y dar consejos sobre nutrición tanto a personas sanas como enfermas, además del técnico en dietética bajo ciertas circunstancias. Igualmente, nos servirá el ejemplo para aquello sobre lo que quiero escribir.

Existe una gran tendencia por parte de los dietistas-nutricionistas a participar en distintos foros en las RR. SS. que tienen como eje central diversas patologías susceptibles de ser tratadas con dieta, dando consejos y aportando conocimientos de un modo completamente gratuito, incluso llegando a enviar dietas a las personas afectadas. Lo mismo ocurre cuando nos requieren nuestras amistades, familiares o amistades de nuestras amistades o de nuestros familiares, abordándonos en cualquier lugar de un modo furtivo e intempestivo, tratando de aclarar sus dudas.  Ante esto, nosotros, probablemente con un deseo sincero de querer ayudarles, sucumbimos con mucha frecuencia y damos respuestas a sus inquietudes sin darnos cuenta del daño que estamos haciendo y de que estamos practicando autointrusismo profesional.

No cobrar por nuestro trabajo es del todo desaconsejable. Primero para el paciente y después para el profesional sanitario dedicado a la práctica de la dietética y la nutrición.

Cuando nuestros conocimientos, que son fruto de muchos años de estudio y experiencias, se regalan pierden valor. Si nosotros no valoramos esos conocimientos, el paciente/alumno tampoco lo hará y podrá tender a no seguirlos, con lo que le estaremos perjudicando claramente. Por otro lado, damos una imagen muy poco seria cuando en un foro de discusión o en la frutería del barrio nos atrevemos a aconsejar a alguien sin tener delante su historial médico, su diario dietético, sus analíticas, sin conocer su perfil psicológico, en definitiva, sin mirarle a los ojos y establecer una relación empática con el interesado, aspecto este que será vital para el éxito de cualquier tratamiento. El paciente, a pesar de ver satisfecha su curiosidad y haberse ahorrado los “cincuenta” euros de la consulta, en el fondo podrá quedarse insatisfecho y no entender que no se le haya dado un trato más profesional y no se le haya dedicado el tiempo necesario para el cuidado de su salud. Esta mala praxis conducirá finalmente a que el paciente termine perdiendo la confianza en nosotros, es decir, en alguien que se valora tan poco a sí mismo y que ejerce su profesión con tan poca seriedad.

Además, el hecho de que no cobremos por nuestro trabajo tendrá graves consecuencias para uno mismo y el resto de compañeros de la profesión. Se puede entender la buena voluntad del que quiere ayudar a alguien que sufre teniendo los conocimientos y la predisposición necesaria para hacerlo, pero al no cobrar por el trabajo realizado se demuestra una enorme falta de confianza en uno mismo y una falta de valoración y respeto hacia el conjunto de nuestra profesión. No sería el primer dietista-nutricionista que conozco que poniendo sus conocimientos al servicio de todo aquel que se le acerque pasa los fines de semana recogiendo vasos en la puerta de cualquier discoteca de moda. Si damos consejos gratuitos, no solo nos estamos torpedeamos a nosotros mismos comprometiendo nuestro propio futuro, sino que impedimos que otros compañeros puedan ejercer como profesionales y ganen su sustento dignamente. En definitiva, estamos actuando de forma poco ética.

Entonces, ¿no podemos hablar de aquello que tanto nos apasiona? ¿No podemos participar en las redes sociales?, ¿no podemos contribuir a la educación dietético-sanitaria de la sociedad? Por supuesto que sí, precisamente eso es lo que hace un divulgador científico especializado en alimentación. El divulgador suele dirigirse al gran público y da consejos, reflexiona y debate sobre aspectos generales de la dietética, la nutrición y la alimentación, dando una información de calidad desde una sólida formación. La divulgación no solo se puede ejercer en las RR. SS., también se puede realizar una magnífica labor divulgativa desde el aula de un colegio, en un taller de distrito, participando en un curso de libre configuración en la universidad o en un máster, colaborando en un programa de radio o televisión y así un largo etcétera. Siempre que podamos, debemos divulgar y hablar desde los distintos medios que el zumo de fruta no es fruta, que los alimentos ultraprocesados no son alimentos, que el azúcar lo tomamos en exceso o que debemos disminuir la ingesta de sal. Esto es incluso una cuestión de responsabilidad social y no debemos dejar de hacerlo.

Pero una cosa será hablar sobre pautas generales de alimentación o que escribamos un artículo sobre la sensibilidad no celiaca al gluten o de la fructosemia y sobre sus posibles tratamientos dietoterapéuticos y otra muy distinta es que demos consejos individuales fuera de consulta o del entorno más apropiado para ello. Esto será competencia del dietista clínico y tendrá que hacerlo cumpliendo todos los requisitos legales para poder ejercer y con todos los datos del paciente/alumno por delante, que permita obtener una valoración completa del mismo y recetar las pautas dietéticas más adecuadas a su caso concreto.

Por tanto, animo a todo aquel que vea que un compañero que, con toda su buena fe, trabaje si cobrar que le haga notar lo equivocado de su postura para con el paciente, para consigo mismo y para con el colectivo.

Considero deseable que todo el que ejerza como dietista-nutricionista se colegie y el que ejerza como dietista se asocie. Debemos trabajar para todo el colectivo y a la vez debemos estar cubiertos por él para poder ejercer una labor profesional más responsable, segura y así ofrecer mejores servicios.


Recapitulando

Si vas a dar consejos individuales de alimentación, hazlo en una consulta que cumpla con todos los requisitos legales y cobra una tarifa adecuada por ello.

Si tu trabajo es como divulgador, cobra por tus charlas, talleres y seminarios y pon en valor el conocimiento que impartes desde las redes sociales.

Difunde libremente aquellos principios básicos sobre los que se sustenta una alimentación saludable, hazlo como tu contribución en la construcción de una sociedad más saludable, pero no te olvides de ofrecer al final tu tarjeta para que te puedan localizar todos aquellos que quiera obtener más información y una atención personalizada.

Trabaja desde la responsabilidad que exige el ejercicio de la profesión y contribuye con el resto de profesionales de la nutrición para que nuestra labor alcance prestigio y reconocimiento social y pueda ser valorada en su justa medida.

Colégiate, asóciate, reúnete, participa en todas las actividades que puedas junto a otros profesionales.

Debate, discute, reflexiona y contribuye a que madure esta profesión, sumando, siendo positivo, adoptando una actitud crítica y proactiva y haciendo las cosas bien.

Trabaja desde la ética y la responsabilidad, teniendo como lo más importante el bienestar de tu paciente/alumno, tu propio desarrollo profesional, el apoyo a tus compañeros y a la profesión.

No seas autointrusista y siéntete orgulloso de lo que haces.



José María Capitán
dietista-nutricionista





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